Hablemos de PORNO.

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Hablemos de PORNO.

No creo ser la única a la que cuando le dicen “porno” se le viene a la cabeza una escena de sexo explícito, bastante artificial donde vemos mujeres con las que no nos identificamos, con extensiones en el pelo y las uñas extremadamente largas, operadas, haciendo poses dignas de acróbatas y siempre sin sacarse los tacos y con el maquillaje perfecto. Hombres que se pasan dos horas sin parar ni cansarse, depilados a cero en actitud dominante.

Y es que desde que el mundo es mundo y el hombre puede captar imágenes en movimiento, existe el porno. En la década del 60, la revolución sexual hace explotar a la industria durante lo que se conoce como la época dorada. Con el paso de los años y la industrialización, el porno se volvió un objeto de consumo de hombres y mujeres, que busca satisfacer necesidades básicas de una manera visualmente fuerte y eficaz.

Mujeres haciendo porno del otro lado de la pantalla.

Erika Lust llega a las pantallas a patear tableros, con un nuevo tipo de porno, “más ético y feminista” según los críticos. Mezclando el cine independiente con la industria xxx, este nuevo movimiento dentro del ǵénero está sumando cada vez más adeptos.

En el 2004 realiza su primer trabajo “The Good Girl“, dirigido, escrito y producido por ella misma. Este corto se integró poco después al largometraje Cinco historias para ellas, un recopilado de cinco historias eróticas, que fue galardonada con 5 importantes premios internacionales. A partir de ahí crea su propia compañía Lust Films, cuyo objetivo recae en hacer porno más estético y real, dejando a un lado los típicos personajes del medio.

Rompiendo esquemas: el estereotipo de las actrices

No es de extrañar que solamente una de cada cuatro mujeres admita mirar porno, en una industria donde lo más natural en una escena probablemente sea el pasto que sale de fondo. Como dijo una vez una fan a la actriz porno, Aurora Snow “Lo menos atractivo del porno son las mujeres, ¿pelo falso, tetas falsas, gemidos falsos? ¡No, gracias! ¿Cómo puedo ponerme en su lugar si no me gusta?”, relatando así una realidad que representa a miles de mujeres.

Entonces ¿qué es lo que está mal con las actrices? en realidad, nada. La mayoría del público regular que consume porno, son hombres, por lo que el formato está pensado para satisfacer visualmente a un segmento que se excita más rápido. La queja de la mayoría de las mujeres con respecto al porno, no es el hecho de ver sexo, sino todo lo contrario. Existe una enorme necesidad de renovar el género para poder atraer más a este sector del público que ha sido olvidado como espectador.

“Las mujeres no son putas o santas, son las dos cosas y muchas más, y mi reto es construir mujeres reales que se encuentran con hombre reales y viven historias reales, porque esa es la única manera de que las mujeres se sientan identificadas con el personaje”, ha aclarado la escritora.

Democracia sexual

Actualmente se está trabajando en un proyecto llamado xconfessions donde los guiones de las películas se arman en base a fantasías sexuales que envía la gente.
El foco de atención en las películas de Erika está puesto sobre la mujer, de una forma meramente sensual y empoderada lo que llama más la atención de un nuevo público. Sin ir más lejos, las cifras lo demuestran: de los más de 130.000 usuarios activos el 40% son mujeres y un 60% son hombres, que la mayoría de las veces compran la suscripción para ver las películas con sus parejas. Lust Films rompe con estos esquemas y cuenta que durante la realización de sus películas, el sexo es explícito pero sigue el flujo de un guión con una historia, por lo que al fin y al cabo, es la consecuencia.

La falsa expectativa del porno.

En lo que a compartamiento femenino se refiere, el porno viene creando conflictos entre lo que se ve en la pantalla y lo que sucede en la cotidianidad. Seamos claros: el sexo espontáneo no es lo más común del mundo, como nos hace creer la industria. Preguntenle a cualquier mujer, cuántas veces recibieron al repartidor de pizza en ropa interior, invitándolo a pasar. Ni con el delivery, ni con el plomero, ni con el elecricista, probablemente con nadie.

Quienes producen el porno tienen el mismo objetivo que quienes producen películas: vender fantasía y ganar dinero. ¡Es una industria, no un documental! El equipo de producción siempre va a buscar  resaltar los aspectos que visualmente sean más fuertes, incluso si esto significa que el 90% sea algo totalmente irreal.

Y acá vienen las frustraciones, por lo que voy a intentar ser lo más directa y sincera posible: si pensamos que todas las personas se comportan como vemos en el porno, nos vamos a dar la cabeza contra la pared.

Las mujeres no están siempre dispuestas, ni siempre les gusta el sexo rápido o brusco, sin foreplay, y rara vez empieza una relación sexual de la nada. Los hombres no están siempre al pie del cañón, tampoco aguantan 3 horas en la cama y probablemente no sean superdotados. Superenlo.

La manera en la que consumimos porno varía mucho según género. El porno para hombres suele focalizar la atención en el acto del coito específicamente y las prácticas sexuales llevadas a cabo habitualmente son la felación o directamente la penetración.

En contraste, el porno para mujeres es más amplio y no se enfoca solamente en el acto sexual sino que le da trascendencia al ambiente, al contexto, a la relación con el otro. Importan esas escenas que nos hacen acordar a una experiencia vivida, a algo que nos imaginamos una vez. 

¿El porno puede ser un buen incentivo para una relación? Claro que sí. Siempre y cuando no olvidemos que es ficción y que casi siempre, el sexo es mucho mejor que lo que se ve en la pantalla.

 

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